Publicado en Pikara Magazine el día 17/06/26. Este reportaje pertenece al monográfico de Drogas, publicado en 2023 y que puedes comprar en la tienda online.
Autoría: Jacarandá Serrano
Imagen de portada: mediaphotos
A Iñaki Uribe le incentivó y le enseñó a beber su padre cuando era un chaval. “Me decía ‘ya eres un hombre, ya puedes beber’. Y si con 12 años te dicen eso, con 14 bebes todo lo que puedas. Así que a los 18 ya estaba alcoholizado perdido”, cuenta. Ahora tiene 56 años y dejó de beber hace 30 para alejarse de la agresividad a la que le llevaba. “Estaba criado en la violencia y en el consumo de alcohol. Yo llegaba a casa borracho con las manos reventadas por haber pegado a otro y se me felicitaba”, recuerda.
No solo las figuras masculinas cercanas incitan a los varones a beber alcohol, también lo hacen los medios audiovisuales, donde se ha construido este consumo como una muestra de poder masculino y de dominación de las mujeres. En los años 70 un anuncio del coñac Soberano mostraba a una pitonisa dando un consejo a una mujer: ser más comprensiva con su marido y recibirlo en casa con una copita para que no se enfadara ni le pegara. Claro que sí, dale gasolina al fuego para apagarlo. Era de esperar de un coñac con este lema: “Soberano es cosa de hombres”. Poco ha cambiado el panorama.
En 2020 Brahma sacó un anuncio donde decía que la cerveza no es para las mujeres porque es una bebida amarga. Y, tras infantilizarlas e invitarlas a no desesperar, se forzaba a una de ellas a beber una cerveza con un toque de lima. Ese mismo año, una investigación realizada en Reino Unido sobre la representación de las mujeres en la publicidad de marcas de bebidas alcohólicas en redes sociales confirmó cómo se fomenta el consumo en ellas a través de la perpetuación de los estereotipos de género. FACUA (Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de Andalucía) analizó estas prácticas publicitarias sexistas en el ‘Estudio-control sobre la publicidad que atenta contra la dignidad de la mujer’ y denunció ante los organismos competentes a seis marcas de bebidas alcohólicas, entre ellas al ron Barceló. En el anuncio que se denunció salía una botella junto a una mujer dominicana, en topless y de espaldas, bajo el lema “Ese oscuro objeto de deseo”. “La botella se equiparaba a la mujer para utilizarla desde una perspectiva evidentemente machista y racista como reclamo publicitario al consumidor estrella de alcohol que es el hombre cisheterosexual tradicional”, explica Ana Burgos, coordinadora del Proyecto Malva y Notctámbul@s, sobre drogas y género, de la Fundación Salud y Comunidad.
Alcohol, valentía, virilidad y poder son los ingredientes principales que componen uno de los cócteles de la masculinidad hegemónica. El género, como eje de ordenación social, condiciona los consumos que realizan hombres, mujeres y otras identidades. Y los productos audiovisuales apuntalan los estereotipos ligados a beber o no alcohol y a la forma en que se hace.
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Ellos en el bar Manolo, ellas en casa
¿Por qué ellas toman vino y ellos cerveza? El Proyecto Malva esgrimió en su blog argumentos en clave de género sobre los resultados del citado estudio realizado en Reino Unido: el vino está asociado al relax, al baño tras un día de trabajos (visibles e invisibles), a la calma, el sosiego, la prudencia o la soledad, todos elementos compatibles con las expectativas de la feminidad. En cambio, el consumo de cerveza está asociado a la pertenencia a un grupo de iguales, al espacio público, a la diversión o a los excesos, comportamientos ligados a mandatos de la masculinidad.
El 14,2 por ciento de los hombres declara consumo diario de alcohol, una proporción cuatro veces mayor que en las mujeres (3,4 por ciento), según datos de 2020 del informe sobre alcohol y drogas en España. Y es que el bar Manolo de cada barrio está lleno de señoros o grupos de amigotes bebiendo al salir del trabajo. ¿Pero dónde están los grupos de mujeres, sobre todo si son madres, tomándose unas cañas al terminar la jornada laboral?
La feminización de los cuidados ha alejado a las mujeres de ciertos modos de consumo y del ocio. Ana Burgos argumenta cómo las mujeres adultas consumen de manera diferente a los hombres: cuantitativamente beben menos por las obligaciones patriarcales del cuidado y la menor ocupación del espacio público derivadas de tales obligaciones. A escala cualitativa, y en casos de uso problemático, los modos de consumo son distintos: muchas mujeres beben en soledad y en el ámbito privado, dada la sanción social a la que se enfrentan si lo hacen de manera pública.
2X1 en la sanción social: por bebedora y por mujer
El espejismo de igualdad niega que en el ámbito de las drogas, concretamente del alcohol, siga habiendo sesgos de género. La realidad es otra. Mientras que a las chicas se las controla, culpa y responsabiliza más de sus consumos, siendo juzgadas como problemáticas de manera general, a los chicos se les da mayor permisividad, siendo considerados conflictivos, pero de forma puntual. Así se expone en la la investigación ‘Distintas miradas y actitudes, distintos riesgos. Ellas y ellos frente a los consumos de drogas’, centrada en la adolescencia.
También hay diferencia en los riesgos que perciben en el consumo en contextos festivos: mientras que ellos temen meterse en peleas o sufrir robos, ellas temen las agresiones sexuales. Y no es para menos, según un informe Noctámbul@s sobre la relación entre el consumo de drogas y las violencias sexuales en contextos de ocio nocturno, el 97 por ciento de las mujeres encuestadas manifiesta haber sufrido algún tipo de violencia sexual. Burgos recalca la importancia de tener presente el sesgo de género en la percepción social del consumo de alcohol como dispositivo social de legitimación de las violencias e impunidad de los agresores. Y apunta cómo se suele eximir a los hombres de responsabilidades cuando ejercen violencia, al ser el uso de alcohol más coherente con las expectativas de la masculinidad, con frases como «estaba borracho, no sabía lo que hacía», «es un alcohólico, pobrecito». Mientras, a las mujeres se las culpabiliza con frases como «esto te pasa por beber, tú te lo has buscado”, «normal que la maltraten si es alcohólica». Esta sanción responde al hecho de que el uso y, sobre todo, el abuso de alcohol es percibido como un desvío de las normas de la feminidad, caracterizadas por la prudencia, el «no hacer ruido», la moderación o el comedimiento. Los hombres son más comprendidos socialmente si presentan un problema de adicción al alcohol, ya que se ve como un exceso de masculinidad; las mujeres, en cambio, sufren más rechazo y penalización, concluye Burgos.
Esta doble sanción moral y social que recae sobre las mujeres bebedoras es explicada por Patricia Martínez Redondo en su libro Extrañándonos de lo “normal”: reflexiones feministas para la intervención con mujeres drogodependientes. La autora habla de la sanción doble por la percepción de dos infracciones sinérgicas entre ellas: ser mujer consumidora (no está en el imaginario colectivo ni socialmente aceptado) y la derivada de la transgresión del rol femenino (la sensatez), ya que se da una falla en los deseables términos de género, buena esposa, buena madre, buen hija. Todo ello, además, se traduce en la falta de apoyo familiar y social.
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Ana Burgos subraya cómo la masculinidad, como posición de poder y privilegio frente a las mujeres y otras identidades, se construye en grupo, a través de rituales de validación: el abuso de alcohol, especialmente en el espacio público —perteneciente tradicionalmente a los hombres—, es uno de estos rituales. Ambos factores (asunción de riesgos y construcción grupal del poder masculino) se entrelazan para perpetuar la virilidad y hombría patriarcal y legitimar las violencias que esta genera.
Otra de las motivaciones para el abuso de alcohol en los varones, que se esboza en la guía ‘Hombres y adicciones’, tiene que ver con la autoafirmación masculina que pasa por no pedir ayuda y no reconocer ni expresar las debilidades y emociones, así como por un endurecimiento del carácter para garantizar y demostrar la «hombría». Adrián Gómez explica la doble cara de la moneda cuando el alcohol se usa como vía de escape y canal afectivo ante la coraza del mandato masculino: “Por un lado reafirmamos nuestra masculinidad tan estrechamente ligada con el alcohol y, por el otro lado, ahogamos nuestros más oscuros pensamientos, evitando así ser catalogados de ‘llorones’ o ‘menos hombres’”.
Dicho esto, se recomienda leer atentamente los ingredientes del cóctel de la masculinidad para no pasar un mal trago.
- Lee el artículo completo aquí.
- Amplía sobre hombres y consumos de sustancias en la nueva campaña de 2026 del Proyecto Malva.