Compartimos este reportaje de Ion Orzaiz publicado el 5 de julio en Berria, con traducción propia al castellano desde el euskera, para el que han entrevistado a nuestra compañera Ana Burgos.
Pie de foto de la imagen de portada: «Decenas de periodistas y medios de comunicación en 2018, durante el juicio por la violación grupal de Sanfermines, atentos a las declaraciones del abogado de los agresores. JESUS DIGES / EFE»
A DIEZ AÑOS DE LA VIOLACIÓN GRUPAL DE SANFERMINES (Y VI) · EL PAPEL DE LOS MEDIOS
La responsabilidad de los medios de comunicación, bajo el foco
Todos los medios declaran públicamente estar en contra de las agresiones sexuales, pero a menudo perpetúan estereotipos machistas y relatos revictimizantes en su práctica diaria. Las personas expertas han subrayado la importancia de una comunicación precisa y adecuada.
Ion Orzaiz · Iruñea · 5 de julio de 2026
Cuestionar el relato de la víctima justo después de que se produzca una agresión sexual; si el agresor es conocido o rico, centrar la noticia en el daño que se le ha causado a él —«le han arruinado la vida»—; si el agresor es pobre o racializado, en cambio, negar su humanidad y presentarlo como un monstruo —subrayando, entre otras cosas, su origen étnico—; a falta de información contrastada, recurrir a rumores u opiniones de vecinos; alimentar el alarmismo y el sensacionalismo; poner el foco en el comportamiento de la víctima —a veces incluso vulnerando su intimidad—, como si eso justificara la agresión; dar prioridad a los detalles morbosos o inusuales, ocultando el carácter estructural de la violencia machista… Cuando se habla de una agresión sexual, la lista de malas prácticas de muchos periodistas y medios es larga; y, normalmente, eso solo sirve para perpetuar tópicos y añadir sufrimiento a la víctima.
Precisamente, casi todos los puntos de esa lista se cumplieron en el caso de la violación grupal de los Sanfermines de 2016, tanto en los días posteriores a la agresión como dos años más tarde, mientras duró el juicio. Aquel año, el tratamiento que los medios dieron a las agresiones sexuales en contextos festivos suscitó preocupación en el Ayuntamiento de Pamplona, que encargó una investigación al respecto a Pandora Mirabilia, una empresa de consultoría especializada en género y comunicación.
«El Ayuntamiento ha querido centralizar la información sobre las agresiones, pero la mayoría de los medios han buscado otras fuentes». Estudio del equipo de consultoría Pandora Mirabilia sobre las noticias de Sanfermines
Bajo el iceberg
El informe se presentó en junio de 2018, bajo el título Análisis de los contenidos y la cobertura informativa de Sanfermines. En él, las expertas de Pandora Mirabilia identificaron varias prácticas erróneas en el quehacer diario de los medios. Por un lado, mostraron su preocupación porque, aunque el Ayuntamiento de Pamplona centraliza la información oficial sobre las agresiones sexuales, la mayoría de los medios «esquivan» ese procedimiento y «priorizan otras fuentes». Por otro lado, las investigadoras destacaron que muchos medios —sobre todo los digitales— tienen la necesidad de producir contenidos y conseguir interacciones en todo momento: más clics, más visualizaciones, más comentarios… Para ellos, la información oficial no basta para alimentar el flujo ininterrumpido de contenidos, y buscan las noticias en cualquier otra parte: en rumores, en redes sociales y en testimonios sin contrastar, entre otros.
Para evitar todo esto, el informe de Pandora Mirabilia recoge la recomendación de elaborar, más allá de los hechos concretos y anecdóticos del día a día, «reportajes de largo recorrido y con una mirada más amplia», que analicen las conexiones entre los casos de violencia machista y sitúen todos esos hechos en el contexto de la violencia machista.
«Tienen como objetivo la espectacularidad, el morbo y el sensacionalismo, como si la violencia sexual fuera algo excepcional». Ana Burgos, antropóloga y periodista
Con esta visión coincide Ana Burgos. Burgos es antropóloga y periodista, e integrante del Observatorio Noctámbul@s de Barcelona. Estudia la violencia machista que se produce en contextos de ocio y fiesta, y considera que en muchos medios se ha impuesto «una lógica de la excepcionalidad». «En los medios generalistas y hegemónicos, en general, se aborda la violencia sexual como si fuera un suceso excepcional, y buscan la espectacularidad: se prioriza el morbo y el sensacionalismo, se destacan detalles innecesarios… Se mencionan sobre todo los casos que están en la punta del iceberg».
En opinión de la antropóloga, ese tratamiento del tema difumina el carácter estructural de la violencia machista: «Quienes buscan la espectacularización, normalmente, no tienen en cuenta que el machismo está completamente incrustado en las relaciones y normas sociales».
Precisamente, el relato que los medios construyen en torno a la violencia machista fue el tema abordado el pasado 12 de junio en la sala municipal Civivox Pompelo de Pamplona, en una mesa redonda organizada por la asociación Astelehen Lilak. Allí conversaron sobre violencia machista varias periodistas y comunicadoras internacionales, como Luciana Peker (Argentina), Marisa Kohan (Argentina), Sarah Santaolalla (España), Cristina Fallarás (España), Laura Arroyo (Perú) y Sagrario Zabaleta (Euskal Herria).
En aquella charla, Fallarás se mostró pesimista sobre el papel de los medios. Dijo, entre otras cosas, que las piezas sobre violencia machista están «en vías de desaparición» de los medios digitales de todo el mundo: «2025 ha sido el año de esta década en que menos noticias sobre violencia machista se han publicado». En opinión de la periodista, ese dato no es casualidad, sino consecuencia de una estrategia: «Muchos medios han construido un relato distorsionado y repugnante en torno al feminismo».
Criminalizando el ocio
Burgos también ha criticado a los medios hegemónicos. Ha censurado, sobre todo, el «tinte sensacionalista y moralizante» de las noticias sobre violencia machista: «Añaden espectacularidad y alarmismo a lo ocurrido. Ese tipo de relatos empujan de nuevo a las mujeres a quedarse encerradas en casa, o a andar con miedo cada vez que salen de noche». La antropóloga ha detectado una tendencia a «criminalizar» el propio ocio de las mujeres.
Como ejemplo, ha citado lo que algunos medios publicaron sobre la víctima de la violación grupal de 2016. «Recuerdo un reportaje en particular, La vida normal de la mujer violada en Sanfermines: universidad, viajes y amigas, ese era el titular. Aquello fue un ejemplo de periodismo no ético».
De hecho, para Burgos, cuestionar el comportamiento de una víctima y centrar las noticias en ello es «un error tremendo»: «Cada persona hace frente a la violencia a su manera, y hay miles de formas de reaccionar tras una agresión sexual. Algunas víctimas tienen una enorme capacidad de resiliencia, pero eso no niega la violencia. Una agresión sexual es violencia, eso es algo objetivo; y que una víctima lo pase bien en su día a día o tenga una actitud u otra no cambia lo sucedido».
Víctimas «buenas» y «malas»
Es más, Burgos cree que muchos medios tienden a «distinguir entre víctimas buenas y malas». Como ejemplo de ello ha señalado las violaciones mediante sumisión química: «Si nos drogan contra nuestra voluntad, nos considerarán víctimas buenas; pero supongamos, por ejemplo, que hemos bebido alcohol voluntariamente, que nos hemos vestido de una determinada manera, o que hemos ocupado ciertos espacios: entonces empezarán a decir que, de algún modo, hemos dado pie a la violencia o que, como mínimo, no hemos hecho el esfuerzo suficiente para impedirla».
La experta del observatorio Noctámbul@s ha añadido que esos discursos son tramposos, porque el patriarcado siempre encontrará alguna vía para justificar la violencia y juzgar a la víctima: «La autodefensa feminista está muy estigmatizada, y de las mujeres que la llevan a la práctica se dice que les han arruinado la vida a los hombres. Pero, al mismo tiempo, a la mayoría de las víctimas de agresiones sexuales se les reprocha no haberse defendido adecuadamente. Mi conclusión es que, en el fondo, a ojos del patriarcado no hay víctimas buenas. No existen».
«2025 ha sido el año de esta década en que menos noticias sobre violencia machista se han publicado en todo el mundo». Cristina Fallarás, periodista, escritora y analista
No ocurre lo mismo con los agresores. En general, Burgos ha destacado que existe una tendencia a «invisibilizar» a los autores de las agresiones sexuales: «En los medios se dice que una chica ‘ha sido violada’, o que la ‘han encontrado muerta’. Mediante titulares de ese tipo, se despersonaliza la propia violencia, como si hubiera ocurrido por sí sola».
En cambio, cuando el agresor aparece en el relato, suele ser para «perpetuar otras estructuras de opresión», en opinión de la antropóloga: «Es decir, para alimentar discursos racistas o clasistas».
Así, si el agresor es rico o poderoso, muchos medios tienden a «victimizarlo» y «romantizarlo»: «Lo vimos en el caso del futbolista Dani Alves: los periódicos hablaban de la caída de una estrella del fútbol. Eso desvía el foco del problema».
En cambio, si quien ha cometido la agresión sexual es pobre, racializado o nacido en el extranjero, existe la tendencia a deshumanizarlo: «El hombre encapuchado que ha venido de fuera a violar a nuestras mujeres. Es un tipo de relato que coincide con la visión de la extrema derecha», ha explicado. Según las personas expertas en género y comunicación, esos enfoques «distorsionan» el problema y no atienden a la raíz de la violencia machista. «La imagen del violador desconocido y encapuchado es la más extendida en los medios, pero está lejos de la realidad», ha resumido Burgos: «La violencia sexual es sistémica y puede ocurrir en cualquier lugar. Es más, la violencia más habitual es la que se produce dentro de casa, y la mayoría de los agresores suelen ser hombres cercanos a la víctima. Los violadores, en la mayoría de los casos, no son monstruos que vienen de fuera ni manzanas podridas ajenas al sistema».
Las personas expertas han reclamado otros modelos de periodismo; entre otros, aquellos que ayuden a situar la violencia machista «en su contexto». Consideran, en todo caso, que en los últimos años también se han dado algunos avances. Que no todo es malo, en definitiva. «En algunos medios se han incorporado editoras de género y periodistas feministas, y han contribuido a cambiar el relato». Costará, aun así, revertir el camino recorrido durante años y hacer frente a la «ofensiva reaccionaria».