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Violencia machista y ocio. Análisis de las campañas de prevención y protocolos de actuación a nivel municipal

Violencia machista y ocio. Análisis de las campañas de prevención y protocolos de actuación a nivel municipal

Por Marina Echevarría Llaneras.

[Para acceder al Trabajo Final de Máster completo (en catalán), pulsa en este enlace de nuestra biblioteca virtual.]

Las violencias machistas que tienen lugar en los espacios públicos no son un tema nuevo, son manifestaciones del patriarcado que siempre han existido y que han sido ocultadas, justificadas o naturalizadas. El movimiento feminista fue el primero en denunciar estas violencias, primero poniendo el foco en el espacio privado, con la idea de que lo personal es político (Millet, 1970) para después pasar a reivindicar las agresiones que sufrían las mujeres también en los espacios públicos, especialmente con connotaciones sexuales. En los años setenta, autoras americanas como Katherine Mckinnon definieron y denunciaron el acoso sexual en el ámbito laboral. Posteriormente, el acoso sexual se trasladó al entorno urbano, apareciendo nuevas figuras delictivas como el acoso reiterado o stalking (2015).

En mi investigación he abordado las violencias que tienen lugar en una de las esferas del ámbito público, el ocio y las fiestas populares de barrios y municipios. En los últimos veranos y a raíz de casos graves de agresiones sexuales acontecidas en los San Fermines de 2016, han empezado a proliferar campañas de prevención y protocolos de actuación a nivel municipal de la violencia machista en las fiestas populares. En ellos, no solo se pone el foco precisamente en todas estas violencias machistas más graves como la agresión o el abuso sexual, sino también el acoso físico, los tocamientos no consentidos o los piropos y acoso verbal tan naturalizados en nuestra cultura del flirteo. Es por ello que, a raíz de la gran cantidad de protocolos existentes, el objetivo principal de mi investigación es hacer un análisis de dichas campañas y protocolos de prevención elaborados tanto por ayuntamientos como por el movimiento feminista en base a una serie de indicadores, con la finalidad última de realizar una propuesta de diseño de campaña de prevención.

Antes de adentrarnos en el apartado de análisis, es importante definir el objeto de estudio de la investigación, la violencia machista. En este caso, en base a la bibliografía consultada, he elaborado una definición propia. Para mí, las violencias machistas en el contexto del ocio son cualquier tipo de agresión en la forma que sea (violencia física, sexual, psicológica, verbal, acoso o simbólica) que sufren todas las personas a las que la sociedad heteropatriarcal coloca en una posición de subordinación. En estos espacios predominan las violencias de carácter sexual, que siguen la línea del contínuum de la violencia (Kelley 1988, citada en Bodelón y Rodríguez, 2011), van desde el acoso verbal (insultos o piropos) a las agresiones sexuales más graves como la violación. Precisamente el problema radica en las llamadas agresiones leves como la insistencia o el acoso verbal que, al no estar tipificadas como delito y estar relacionadas con mitos y estereotipos, son las más comunes en los contextos de ocio y las que se encuentran normalizadas e invisibilizadas. Es por ello que, las campañas y protocolos, además de abordar la intervención en caso de producirse una agresión o abuso sexual, tienen como finalidad también el visibilizar estas violencias que se encuentran en la base del iceberg y que son las que sustentan las agresiones más graves y visibles.

Para llevar a cabo el análisis de la investigación, basado en una metodología de tipo cualitativo, he tomado como referencia los indicadores de análisis del tercer informe “Noctámbul@s” de la Fundación Salud y Comunidad, dividiéndolos en función de si son campañas o protocolos. La muestra total es de 15, 7 campañas y 8 protocolos. Los indicadores para las campañas de prevención son: el mensaje principal, a quien se dirigen, acciones y medidas que contemplan, creación de un protocolo y utilización de las redes sociales como medio de difusión. Los indicadores de los protocolos son: a quien se dirigen, que conductas identifican como violencia machista, causas de la violencia, que intervención proponen, medidas preventivas e inclusión de teléfonos de atención y servicios de asistencia.

En relación al análisis de los protocolos, observamos dos modelos diferenciados. Por un lado, los protocolos de Poble Sec, Gràcia, St. Pere de Riudebitlles, la Lali Jove (Cataluña) y Lavapiés (Madrid), identifican la violencia machista en estos contextos festivos como cualquier tipo de agresión que sufren las personas que huyen de la norma heteropatriarcal, ya sea por razón de género, expresión de este u orientación sexual. Por tanto, van dirigidos a toda la población e identifican al patriarcado como la estructura que crea, sustenta y perpetua la violencia. La intervención en caso de producirse una agresión machista es la misma, expulsión del espacio de la persona agresora mediante la metodología de la muralla humana, así como apoyo a la persona que ha vivido la situación de violencia. Los protocolos no incluyen teléfonos oficiales puesto que se basan en un modelo de autodefensa e intervención colectiva. Por último, como medidas preventivas van un paso más allá, ya que proponen que la propia fiesta mayor sea pensada ya con perspectiva de género.

En contraposición a este modelo encontramos los protocolos de San Fermín, Bilbao y Estella- Lizarra (Navarra) que definen la violencia machista como aquella que sufren las mujeres por el hecho de serlo, dejando fuera a todo el colectivo LGTBI. Sí que reconocen el patriarcado como la estructura que sustenta la violencia, pero no reconocen a todas las personas que la sufren. En cuanto a la intervención propuesta en caso de producirse una situación de violencia, el protocolo pone el énfasis en la denuncia de los hechos, incluyendo pues teléfonos oficiales de atención.

En relación al análisis de las campañas de prevención, vemos como todas las analizadas (Fiestas del Pilar en Zaragoza, Diputación de Granada, San Fermín, fiestas populares de Palma, fiestas de Tarragona, La Mercè en Barcelona y La Semana Grande en San Sebastián) se dirigen al conjunto de la población y tienen como mensaje principal que “No es no”. Ponen el foco en identificar como violencia machista aquellas manifestaciones que están en la base de la pirámide y se encuentran invisibilizadas, como el baboseo, la insistencia o los piropos. En cuanto a las agresiones más graves, su mensaje se basa en la denuncia de los hechos. Por último, en relación a las medidas preventivas que proponen las campañas, vemos como todas apuestan por la creación y difusión de carteles con la imagen de la campaña y, en menor medida, la presencia de stands el día de las fiestas, la difusión de la campaña a través de las redes sociales, la formación del personal de barras y la policía y talleres de autodefensa.

En base a dicho análisis de las campañas y protocolos, he elaborado una serie de recomendaciones sobre como creo que tendría que llevarse a cabo una campaña de prevención de la violencia machista en el ocio. En primer lugar, creo que cada municipio debería elaborar su propia campaña de prevención, no solo para los días de fiesta mayor, sino que debería ser una campaña de prevención general en la que se incluyera el ocio nocturno de cada fin de semana. Es por ello que, la lucha contra la violencia machista en los contextos de ocio debería convertirse en una línea de actuación de los planes de igualdad de los municipios. En cuanto a que se debe entender por violencia machista, en mi opinión no se puede dejar fuera la violencia contra el colectivo LGTBI, puesto que tiene la misma raíz, el heteropatriarcado. En relación a las acciones concretas de la campaña, mi propuesta se basa en:

– Elaboración de carteles específicos para las zonas de fiesta del municipio
– Difusión de la campaña a través de las redes sociales
– Talleres de prevención en los institutos sobre violencia machista con la finalidad de desnormalizar la cultura del piropo
– Talleres de formación para el personal del ocio
– Control de la propaganda de los locales (manifestaciones de violencia simbólica)
– Talleres de autodefensa
En cuanto a los días de fiestas mayores, propongo la creación de cartelería específica, la elaboración de un protocolo de actuación en caso de producirse una agresión, la formación para el personal de barra, la presencia de un stand informativo y la elaboración y distribución de tarjetas con números de teléfono de interés.
Con estas propuestas lo que quiero plantear es que la lucha contra la violencia machista en los contextos de ocio no se quede en meras manifestaciones de derecho penal simbólico, con protocolos y campañas para tres días al año, sino que se convierta en objetivo continuo de la administración pública. Por ello, creo que las campañas de prevención y sensibilización tendrían que tener como objetivo principal educar para crear una nueva cultura del flirteo donde todas estas violencias se desnormalicen.

REFERENCIAS
– Bodelón, E. i Rodríguez, R. (2011). Las violencias machistas contra las mujeres. Bellaterra: Servei de publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona.
– Fundación Salud y Comunidad (2017). Noctámbul@s: Observatorio cualitativo sobre la relación entre el consumo de drogas y los abusos sexuales en espacios de ocio nocturno. Tercer informe anual (2015-2016). [Consultado 28, març, 2017]. Disponible en: http://www.drogasgenero.info/noctambulas/informes.
– Millet, K. (1970). Política sexual. Ediciones cátedra

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